La cima de mi montaña




Al estrenar una semana parece que quisiéramos comernos el mundo. Todo lo que se nos quedó por hacer la semana anterior pensamos que lo recuperaremos en un día y que nada se nos quedará en el tintero, planificamos cada minuto como si fuéramos dueños del tiempo, pero surgen impedimentos que nos apartan de nuestros propósitos y empiezan los remordimientos: “tengo que hacer”... “Esto lo dejé a medias” ... “debo darme prisa”...

Y nos volvemos esclavos de nuestras propias frustraciones. Una cosa es ser disciplinado y organizado, y otra distinta es ser severo consigo mismo. En una agenda siempre deben existir huecos para los imprevistos, porque si una cosa tiene la vida es un alto porcentaje de imprevisiones.

No tiene por qué suceder todo tal cual lo hemos planeado y, a veces, casi hay que darle gracias a Dios de que sea así, según sus planes y no según los nuestros.

Hoy es lunes y, como casi todos los lunes, suelo tener en el editorial un amplio espacio para el optimismo, para ponerle a nuestros ojos una mirada positiva ante cualquier situación y circunstancia, y por supuesto una buena dosis de Fe, palabra imprescindible en mi vocabulario, sin la cual ninguna cumbre se alcanza.

Sería interesante que mirásemos cómo de alto es el monte que deseamos escalar. Que comprobemos si tenemos a nuestro alcance las herramientas necesarias. Si algunas de las que consideramos necesarias podríamos sustituirlas por otras más sencillas y, sobre todo, si estamos dispuestos a escalar y si creemos que vamos a llegar a la cima.

Yo ya tengo clara la cima de hoy. Creo que dispongo de la tenacidad suficiente para empezar mi aventura, puedo y quiero avanzar hasta el pico más empinado y voy a ello sin miedo y con respeto, admirando y agradeciendo.

Hay unos ojos verdes que no me pierden de vista, los de la Virgen del Rocío. Una sonrisa que aparta de mi camino lo que me hace sufrir, la del Pastorcito Divino, y unas manos que me sostienen y me protegen del peligro, las de Dios.

¿Quién podría tener dudas de llegar a la cima si hasta cuando llega el cansancio desciende el Espíritu Santo para soplarnos su brisa?

Sigamos escalando, que delante va la Virgen allanándonos el camino.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es