Medidas anticrisis



Desde hace un tiempo no deja de hablarse de las medidas anticrisis propuestas y aprobadas por el Gobierno español, las del actual y las del anterior. Releyendo noticias pasadas veo que se han ido presentando numerosos paquetes para salir de la crisis desde finales del 2007, principios del 2008 y desde entonces se viene “probando”, como si una nación entera fuera un gigante conejillo de indias: “Hoy pongo esto, mañana lo quito. Hoy se prueba aquello, mañana se prueba lo otro y pasado ya improvisaremos algo”. “Ahora vamos bien, ahora vamos mal”… Es la imagen que, desde que se viene sufriendo éste azote en la economía española, recibo de cuanto leo, oigo y escucho.

Mientras tanto se han ido creando subvenciones para cosas innecesarias y se han suprimido otras de mayor importancia y, para no variar, los políticos se han seguido tirando los trastos a la cabeza, preocupándose más por el voto a favor o en contra de las próximas elecciones que por aunar fuerzas para escapar de esta situación que afecta cada vez a más familias.

Si yo fuera política no me entretendría ahora en ganarme adeptos. Me interesaría por la historia de la gente, hablaría más con los que están padeciendo que con los propios compañeros de partido, escucharía las sugerencias del ciudadano que seguramente aportaría mejores ideas que cualquier proyecto resumido en un folleto de mano para convencer a las masas. Entraría en las casas en las que no tienen que comer para remover mi propia conciencia y para, después, actuar en conciencia. No establecería miles de pautas porque entonces no llegaría a cumplirse ni una sola, preferiría prometer una y cumplirla y así, sucesivamente, ir subiendo peldaño a peldaño, la escalera por la que tantos han debido bajar de un salto de vértigo.

No tendría ningún lema, pero en mi mensaje siempre estaría presente mi Fe. Diría con sencillez de corazón: “Confío en Dios y a Él le pido la Gracia para saber discernir en beneficio de todos y no en el mío propio. Tengo a la Virgen del Rocío por intercesora, que ruega por mí y por cada persona y confío en la gente porque, entre todos, podemos ir alcanzando pequeñas metas hasta que lleguemos a metas mayores”.

La primera medida anticrisis es la confianza, sin ella no se llega a ninguna parte y ahora es el momento de confiar y de no quedarnos quietos. Si te paras no avanzas, pero si sigues caminando irás encontrando novedades en el camino que te ayudarán a optar y a encontrar soluciones y no una, sino tantas como sean necesarias hasta que por fin llegue la acertada, la que consideras que está hecha a tu medida.

No hablemos de la crisis, caminemos para salir de ella. No pensemos más en el agujero por el que se ha descendido, repechemos la pared para estar de nuevo arriba. No nos volvamos cómodos justificando que la crisis nos ha vencido, sigamos adelante porque cada persona tiene un triunfo que contar en su historia y este es el momento de ser perseverantes para triunfar.

Activemos la confianza en el corazón, porque en cuanto ésta se pone a funcionar Dios obra maravillas.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es